Sin idea de profesión: ¿por dónde empezar?
En mayo de 2025, la OCDE publicó un informe basado en datos de 690 000 adolescentes de 81 países: el 39% de los jóvenes de 15 años no tiene expectativas profesionales claras, el doble que hace una década. No es una crisis generacional, sino un problema estructural con tres causas distintas. Y cada una tiene su propia solución.
En 1996, el psicólogo Itamar Gati y sus colegas agruparon las dificultades para elegir profesión en tres tipos: falta de disposición, falta de información e información contradictoria. El consejo habitual — «prueba cosas distintas» — solo funciona para uno de ellos. Saber en cuál de los tres estás es ya la mitad del trabajo.
A todos nos preguntan qué queremos ser antes de tener las herramientas para responder. En el instituto. Antes de la selectividad. En la matriculación. Cada vez que no sabes, se acumula un poco más de angustia de que algo falla específicamente en ti. No es así. En mayo de 2025 la OCDE presentó «The State of Global Teenage Career Preparation», un análisis de 690 000 adolescentes de 81 países, y encontró que el 39% de los jóvenes de 15 años no tiene expectativas profesionales claras. Hace diez años esa proporción era aproximadamente la mitad. No saber es ahora la posición mayoritaria, no la excepción.
Por qué «prueba cosas distintas» no siempre funciona
La respuesta habitual a sentirse perdido es: prueba cosas distintas, a ver qué te engancha. Es un consejo razonable — pero solo para uno de tres tipos de situación.
En 1996, el psicólogo israelí Itamar Gati junto con Krausz y Osipow publicaron una taxonomía de las dificultades en la toma de decisiones vocacionales y desarrollaron el Cuestionario de Dificultades en la Decisión de Carrera (CDDQ). Desde entonces, el instrumento se ha traducido a 48 idiomas y se ha probado en más de 60 países. Gati identificó tres grupos.
Grupo uno: falta de disposición. Hay ansiedad, se pospone, la convicción de que cualquier decisión ahora será un error. El problema no es la falta de información — es que las consecuencias parecen demasiado grandes.
Grupo dos: falta de información. Sobre uno mismo: qué tareas dan energía de verdad y cuáles agotan. O sobre las profesiones: cómo es el trabajo por dentro, no lo que sugiere el nombre del puesto. O sobre el proceso: por dónde empezar siquiera.
Grupo tres: información contradictoria. Hay opciones, pero ninguna gana claramente. O los intereses apuntan en una dirección mientras la familia, el mercado o los propios miedos tiran en otra.
Probar cosas nuevas ayuda en el segundo grupo. En el primero, mientras no baje la ansiedad, la experiencia se vive como presión, no como datos. En el tercero, más experiencias rara vez desempatan — lo que falta no es más información, sino saber qué priorizar.
Qué hacer en cada caso
Sin disposición. Primero, reducir la presión. En España, según la Encuesta de Población Activa del INE, la mayoría de los trabajadores cambia de empleo varias veces a lo largo de su trayectoria profesional; los cambios de sector también son frecuentes. La decisión de ahora no es definitiva: es una dirección para los próximos años, no un contrato de por vida.
Sin información sobre uno mismo. Un test de intereses da una base concreta. El modelo RIASEC traduce un vago «esto me gusta» en un perfil específico y lo compara con profesiones según sus tareas reales, no según el nombre. Si no sabes qué te atrae, no es pereza — es que te faltan datos sobre ti mismo. Un buen test es la forma de obtenerlos.
Sin información sobre las profesiones. Lo que dice una descripción de empleo y lo que es el trabajo un martes por la mañana suelen ser cosas distintas. Leer sobre lo que hace alguien antes del mediodía — qué decisiones toma, qué tareas se repiten, qué se considera un buen resultado — vale más que otra lista de «sectores con futuro». Astrolab recoge esto para cada profesión, con datos de salarios específicos para España.
Información contradictoria. Más opciones no rompen el empate. Lo que ayuda es explicitar las prioridades: estabilidad o flexibilidad, trabajar con personas o en solitario, resultado concreto o proceso largo. Cuando las prioridades están claras, la elección suele resolverse sola.
Un dato incómodo sobre cómo se toman las decisiones profesionales
En 1999, John Krumboltz y sus colegas publicaron en el Journal of Counseling & Development una observación que aún resulta poco cómoda: la mayoría de las decisiones profesionales importantes son el resultado de eventos que nadie planificó. Una conversación fortuita. Un libro cogido por casualidad. Unas prácticas hechas porque un amigo se apuntó. Krumboltz lo llamó «planned happenstance» — azar planificado. No porque el azar se planifique, sino porque la persona que sigue en movimiento y nota lo inesperado llega a su profesión de forma muy distinta a quien espera tener todo claro antes de dar el primer paso.
Krumboltz escribió que la orientación profesional ha intentado tradicionalmente eliminar el azar de las decisiones de carrera — y que eso es precisamente lo que impide a las personas aprovechar las oportunidades inesperadas que resultan ser las más importantes.
Esperar el momento en que «por fin lo entenderé todo» tiene un historial pésimo. La incertidumbre es un estado de trabajo, no un error temporal.
Qué hacer ahora mismo
- Identifica en qué grupo de Gati estás: ansiedad y postergación, falta de información sobre ti mismo o sobre las profesiones, o varias opciones sin ganador claro. Son problemas distintos con soluciones distintas.
- Si el problema es el autoconocimiento, haz el test de orientación vocacional gratuito. 15 minutos, sin registro. Obtendrás un perfil de intereses y profesiones afines con datos reales para España.
- No esperes a tenerlo todo claro para moverte. Cualquier acción — una conversación con alguien del sector, leer una descripción honesta de un puesto — genera datos que ahora no tienes.
- Vuelve a la pregunta en seis o doce meses. Lo que ahora parece niebla suele convertirse en camino cuando estás en movimiento.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad suele saberse qué profesión se quiere?
Los intereses vocacionales estables se consolidan entre los 18 y los 25 años y siguen afinándose hasta los 30 y más allá. Cambiar de rumbo a los 20 es normal: según el NCES (2018), alrededor del 30% de los universitarios de primer año en EE. UU. cambian de especialidad en los tres primeros años. La sensación de que debías haberlo sabido antes es presión social, no un hecho.
¿Qué pasa si ya he probado cosas distintas y sigo sin saber?
Es una señal de que el problema no es la falta de experiencia. Usando el esquema de Gati, probablemente sea el segundo o el tercer grupo: o no estás leyendo qué te dio energía en esas experiencias, o tienes opciones pero no está claro cómo priorizar. Seguir probando no resolverá ninguno de los dos — lo que ayuda es parar y preguntar: ¿en qué de lo que he hecho me he olvidado del tiempo, y por qué?
¿Vale la pena ir a la universidad si no tengo idea de qué quiero?
Depende del campo. En algunos ámbitos un año de diferencia no importa; en otros, retrasar es más caro. Si no tienes orientación, una pausa activa de exploración — conversaciones con personas en distintas profesiones, hacer un test de intereses, prácticas cortas — es mejor que matricularte en algo al azar y cambiarlo al año siguiente de todos modos. Una pausa no es descanso; es movimiento deliberado.
Fuentes
- OCDE (2025). The State of Global Teenage Career Preparation. Basado en datos PISA 2022 (N = 690 000, 81 países). oecd.org
- Gati, I., Krausz, M., & Osipow, S. H. (1996). A Taxonomy of Difficulties in Career Decision Making. Journal of Vocational Behavior, 49(2), 151–168.
- Mitchell, K. E., Levin, A. S., & Krumboltz, J. D. (1999). Planned Happenstance: Constructing Unexpected Career Opportunities. Journal of Counseling & Development, 77(2), 115–124. doi.org/10.1002/j.1556-6676.1999.tb02431.x
- National Center for Education Statistics (2018). Beginning College Students Who Change Their Majors Within 3 Years of Enrollment (NCES 2018-434). nces.ed.gov
Este artículo tiene carácter educativo y no constituye orientación profesional. El resultado del test es una evaluación basada en el modelo RIASEC, no un diagnóstico.
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